5.9.06

Leyenda Rusa del Atardecer

El joven Grischa era feliz. Habitaba junto a sus padres en una bella dacha (casa de campo) cerca de los Urales, el paisaje no podía ser más complaciente para todos los sentidos. El fresco aire rozando la piel, el canto de los pájaros y el murmullo del arroyo cercado eran la más bella música. El aroma de las flores siempre frescas y los deliciosos frutos silvestres que podían recogerse con sólo alejarse unos cientos de metros de la casa hacían de aquel lugar el más bello del mundo.

Nada se comparaba con su poblado y Grischa lo sabía, había viajado varias veces acompañando a su padre a la enorme Moscú, donde el inmenso río Moskva no tenía nada de la belleza del arroyo de su pueblo. También había conocido la capital, San Petersburgo, donde los encargados del gobierno y, sobre todo, la familia del Zar, parecían totalmente ajenos a la belleza de las cosas simples.

Su lugar, su trabajo, sus libros, todo era perfecto para Grischa. Pero había algo que era la verdadera fuente de su felicidad, la hermosa Natalyja, el amor de su vida.
Se habían conocido hacía unos años. Fue un amor a primera vista, intenso, fuerte, apasionado y hasta a veces perturbador.

Después del mediodía, una vez finalizado el trabajo, Grischa y Natalyja solían encontrarse en el campo o en la dacha, él muchas veces le llevaba Michkas (los chocolates favoritos de Natalyja) o Kumy para beber juntos. Pasaban largas horas juntos hablando, mirándose, haciendo planes sobre el futuro; más de una vez pensaron en el hijo que alguna vez llegaría y, a veces, hasta discutían risueñamente su nombre.

Todo era felicidad, hasta los malos momentos dejaban de serlo al estar juntos. Grischa se sentía invencible al lado de Natalyja, la vida era un hermoso sueño del que muchas veces temía despertar. Y un día sucedió.

Esa tarde Grischa salió de su dacha temprano para ir a buscar a Natalyja, llevaba una gran caja de Michkas y hasta había pensado en las palabras más bellas que podría decirle a su amor. Llegó contento, la vio, sonrió. Cuando la besó sintió que algo no estaba bien, fue el peor beso de su vida; frío, distante.
Cuando Natalyja dijo que se marcharía Grischa pareció no creerlo.
Esa noche, cuando se acostó, comprendió lo que había sucedido, había perdido al amor de su vida. No supo que hacer. De ahí en más comenzó a buscarla violentamente, indagando en los poblados cercanos. Un día la encontró y le recriminó su partida; fue egoísta, torpe, en ese momento la perdió del todo.

Desde ese día Grischa lloró innumerables veces a su amada Natalyja y nunca más pudo amar a otra mujer. Todos los días pensaba en ella, todas las noches la soñaba. Sabía que él había sido el culpable de la partida, sabía que no había más responsable de su dolor que él mismo y , lo peor, sabía también que la había lastimado y no podía ni siquiera pedirle perdón porque no se arrepentía.

Al tiempo, Grischa decidió que ya no la buscaría, no porque no quisiera verla, sino porque sabía que podría lastimarla con sus palabras. Lo invadían las ganas de ir por ella pero sabía que aún no era el momento, aún no estaba listo.
Fueron años de espera. Años en que la belleza del paisaje de los Urales parecía haber desaparecido para él. Ni el canto de los pájaros o el murmullo del arroyo podían borrar de su recuerdo la voz de su amada Natalyja. Todo era triste, gris y sin sentido. Nada podía ser bueno ni hacerlo feliz si no estaba ella para compartirlo.

Una tarde, a lo lejos, la vio. No quiso acercarse, no quiso hablarle, no quiso hacer nada. Ella estaba aún más preciosa que antes. En ese momento se dio cuenta que aún la amaba, pero ya no como antes. Ahora su amor, a la distancia, había cambiado, crecido. No era más el Grischa que la había perdido. Ahora si podría hacerla realmente feliz.
Decidió entonces que era el momento de buscarla nuevamente, su corazón era de fuego, estaba decidido a recuperar su amor , ésta vez sin los errores del pasado. Durante días la buscó pero no pudo encontrarla. Siempre llevaba la caja de Michkas para regalarle y así empezar de nuevo. De nada sirvió porque nunca volvió a verla.

Una tarde, Grischa caminó hasta la orilla del Mar Negro y se adentró en lo profundo de sus aguas. Desde esa tarde, el fuego de su corazón enamorado tiñe de rojo los atardeceres.
Y Natalyja ni siquiera lo sabe...

7 comentarios:

flor dijo...
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flor dijo...

Ufff, qué fuerza que tiene el texto que publicaste.

Reconozco que todo lo que está relacionado con literatura rusa me gusta. Después de leer Tolstoi y Dostoievsky quedé bastante prendada de ese mundo... pero nunca había leido nada de fábulas y tal.

Por otro lado te cuento que me alegra mucho ver que tenemos los mismos gustos: Seria Fantastic de Serrat (aunque mis favoritas son "De Vez en cuando la Vida" y "Sinceramente Tuyo"), Cortázar... espero seguir descubriendo en vos cosas es común.

Un gusto volver a encontrarte...

pd. El soft BAR TENDER lo uso todos los días en la oficina porque hacemos códigos de barras y lo vendemos regularmente, junto con insumos y equipamiento. Por eso te pregunté el primer día por qué el nombre... AHora sí, cuidate.

El Bartender dijo...

Flor: De rusa la verdad no tiene mucho, la historia se me ocurrió y me parecio que sonaba bien Leyenda Rusa, pero podría ser polaca, china o correntina, que se yo, da lo mismo, es triste de todas maneras

La Maga dijo...

Su historia cuando empeze a leerla me llevo a acordarme de esa historieta de "el cosaco" de la revista Nippur ,no se si la conoce, me hizo sentir el olor de mis mamuskas hechas de madera;pero lamente el final, me hubiera gustado que el hubiera podido olvidar y ser feliz, cuando dejamos de amar somos bastantes crueles y por lo general, el no amado se vuelve màs insistente que antes provocando una indiferencia, una desilusiòn dificil de remediar, ante esas situaciones lo mejor es seguir hacia adelante, pero no prefiriendo como horizonte el fondo del mar, eso tampoco traeria de vuelta el amor que ya se fue.

La Maga dijo...

Me olvidaba! si tengo el libro dedicado a mi abuelo, firmado y tambièn una foto del momento cumbre, cuando me decida a venderlo le aviso a ud. primero. Por menos precio tengo un busto hecho en marmòl tamaño mediano o quizas otras fotos.

Clau dijo...

Es muy triste, pero no es necesario irse al fondo del mar para que el amor de nuestra vida se de cuenta de que estamos ahi, si no lo hizo antes...

Anónimo dijo...

mmm..pues no me llamo tanto la atencion del contenido solo que tuve que leerlo por que tenia una exposicion de leyendas,pero creo esta tiene una historia muy seca y un final gris asi yo te recomendaria que la mejoraras por que esta super vacia.
la historia me gusto se trata de amor , el arrollo lo que dice me gusta pero si la historia, si, esta muy seca, vacia erl finalmm.. pues hay que me jorar por que si le faltan algunas cosas.
bueno es todo suerte